lunes, 7 de julio de 2014

UN FILÓSOFO EN LA UNIVERSIDAD

                    Por Leobardo Cornejo.

                  ¿Qué es y para que sirve la Filosofía? Digamos es una reflexión a conciencia de aquello hecho en forma cotidiana por nosotros. Sirve para mejorar en muchos aspectos de nuestra vida diaria, si tomamos medias al respecto. Si queremos filosofar o reflexionar, con bases, acerca de los asuntos universitarios nos vamos a topar con muchos problemas de aquellos que pertenecen a las élites que toman las decisiones, y tienen el suficiente dinero para hacer y deshacer en educación. Nos vamos a parecer en algunos aspectos a Sócrates, en otros a Aristóteles, o a Santo Tomás de Aquino, a Wittgenstein o a algún otro filósofo contemporáneo como Bordieu, Carballo, o Gianni Battimo.
             Decir la verdad, cuando se vive en un mundo de mentiras, no es sencillo. Para empezar es necesario hablar de la verdad, viviendo en ella. De esa forma se deshacen las mentiras. Sócrates le preguntaba, en sus caminatas filosóficas a los de su mundo, ¿cómo te sientes? ¿Eres feliz? ¿Te sientes realizado? Hasta que sus opositores se hartaron de escucharlo y planearon una estrategia para aniquilarlo por su búsqueda de la verdad. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad y ella os libertará”. Jesús es la verdad. Sin embargo, los sofistas griegos condenaron a Sócrates a beber la cicuta por decir la verdad en un mundo de mentiras. Por lo demás, un inocente, condenado injustamente, de estar en contra de los dioses del Emperador, y de corromper a la juventud. Por ello, es necesario valorar lo dicho, con recelo.
            Hay preguntas que deberían hacerse los jóvenes universitarios como: ¿Cuál es tu propósito en tu vida? ¿Para qué vives? ¿Qué es para ti Dios? ¿Existe otra vida después de ésta? ¿Sabes lo que te gusta? ¿Conoces tus aptitudes? ¿Hacia dónde te diriges? No obstante, estas preguntas no corrompen a nadie, salvo a aquellos que ya están en el lado oscuro de la vida.
             En la actualidad 2014), se ha perdido el valor de lo humano, del tiempo, del sacrificio, de la dedicación, del empeño. No hay amor. Vivimos en un mundo casi sin esperanza. Un mundo casi nihilista. El cuál ha caído peligrosamente, en la burocratización de la educación. Aristóteles y Santo Tomás nos hablaron de trascendencia, pero en estos últimos tiempos todo parece ser existencialismo, en alumnos y maestros, al mejor estilo de Sartre. Los profesores ya no valen por lo que saben, sino por lo que coordinan. Los alumnos se han convertido en simples personas que cargan una prótesis llamada teléfono, la cual no pueden dejar porque ya es parte de su vida.
Los profesores tienen que cargar con equipos audiovisuales para entretener a los estudiantes multimediáticos, los cuáles ya no hacen caso al discurso oído porque les parece aburrido. Platón se ha quedado sólo en el salón de clases, sin equipo de video.
Las autoridades universitarias y educativas, han perdido la brújula  para llegar al significado de lo que es un universitario que enseña, que investiga, porque todo lo quieren medir con cinta milimétrica. ¿Cuántos artículos estas escribiendo? La educación  no es como la cocina que salen 4 enchiladas para la 4. No se pueden producir libros, artículos como para el consumo inmediato. La educación es algo más reflexivo. Si queremos calidad, debemos pensar un poco más a quien vamos a poner frente a un grupo.

 No todo profesor que dice serlo lo es. Algunos tienen tipo de Pitágoras, pero muy pocos tienen esa calidad. Tenemos que ver más el significado, y no tanto las formas (si de profesoras se trata). Aunque no estoy diciendo que no se contraten hermosas maestras, porque la sabiduría no tiene sexo, figura, o forma.
             El amor al dinero, no nos hace profesores, ni conocedores de ciertos aspectos de la vida. Las autoridades que tienen grados superiores, no siempre son académicas en el mejor sentido greimasiano, pues califican y descalifican mas por prejuicios y estereotipos que por mentalidad abierta en la educación. Las falacias griegas pululan por doquier. El famoso sistema de competencias( cáduco desde hace décadas) se sigue implementando y lo único que logra es crear más egoísmo entre los estudiantes. La sustentación del saber hacer no se da en la educación superior, pues falta mucha infraestructura de talleres. Las opciones de la educación necesitan que se reevaluadas de manera contundente.
               Y se siguen sacando egresados  que se convierten en ninis porque no han tenido oportunidad de aprendizajes significativos operativos u operacionales para resolver problemas importantes en su comunidad.
La antieducación (Battimo) ya está en marcha como una  estrategia del tipo: Provoca caos,  para después meter una estrategia de orden fascista y generar más caos, institucional. Esto no nos lleva sino a una densa oscuridad académica carente de valores, de propósitos, y de formulaciones propositivas para alumnos y profesores que se ven coartados por secretarias o asistentes ejecutivas que parecen monstruos de mil cabezas al mejor estilo griego. También vemos coordinadores de programas académicos limitados en recursos, en decisiones, sin autonomía, que por si acaso solamente quieren ver números, cargas de trabajo, cantidades de horas frente a grupo, o fuera del él en oficinas, y que para nada les interesa la formación del estudiante. Mucho menos su desarrollo académico. Desgraciadamente, la política ha entrado en las grandes y pequeñas universidades y ha hecho un gran desastre. No hay calidad, porque todo es filtrado por la polis. El aparato sostiene a muchas personas que se dicen ser profesores, porque pertenecen a ciertos grupos de poder. Cuya imaginación brilla por su ausencia, su creatividad ni se diga, su compromiso es solamente con el poder. Un mundo wittgensteiniano objetivado, donde lo que importa es no hacer para seguir existiendo.
                    Así, caminamos en círculos a lo largo y ancho de las universidades mexicanas. No crean que UNAM o Politecnico están mejor. Es lo mismo pero de otro tamaño, y mas aburrido. Ahí, vemos los fantasmas de la hipocresía, de las apariencias, de los contubernios de las canonjías que no nos llevan a la realización del hombre, sino a su hermetismo. El cuál no logra entender a los otros, ni se comprende a si mismo para su autorrealización total. Hace falta en nuestros días más lucidez, mayor sensatez, y salir de esa frivolidad y desorientación académica. Tal vez nuevamente Salomón tenga algo que decirnos en estos tiempos, con sus sabios proverbios para salir de la inmediatez, y de lo efímero baudrillardiano. 

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