Especialmente la de ser maestro es la vocación elegida desde el fondo del espíritu, puede nacer y responder con nobleza al llamado.
Centeocíhuatl López Apodaca
La vocación que asiste al trascender social, es digna de reconocimiento, no hay más pequeña ni más grande, más positiva ni más perjudicial; existen y por algo son, funcionan y sirven a la humanidad; representan la esencia individual, las necesidades colectivas; surgen o derivan de normas y usos morales acumulados con la convivencia; su concreción en el quehacer empírico o científico enmarca la diferencia y enriquecen la diversidad cultural validando el avance general.
Especialmente la de ser maestro:
Es la vocación elegida desde el fondo del alma. Exhibe pleno y fulguroso a quien lo experimenta.
A veces, reside en los genes como destinados a ser asimilados conscientemente “nací con ello”. Hasta parece obra sobrenatural o divina “fui llamado”.
No se mancha con la oportuna circunstancia o para sobrellevar la cotidianeidad. Si acaso sucede, la ética sublima el hacer.
Es una nave repleta de humildad, honestidad y preparación.
El maestro es por la tenacidad o empeño del que guía y comprende.
Se entrega con virtud. Es generoso en donar su conocimiento sin esperar si le retribuyen mucho o poco.
Siembra espíritus, como por ¡magia! transforma diariamente de bruto a fecundos y bellas muestras de admiración y fe.
El que de verdad es maestro, donde quiera es noble, dejando huella inconfundible de amor; como fósil viviente o no, se registra para el futuro explicando el sentido del progreso presente de generaciones formadas previamente.
Es luz y esperanza; cuando ve el éxito de sus discípulos, entonces, ¡brilla!; cuando abre sus brazos y manos para proteger con respeto y ternura al anhelante de aprender.
Luego, ligeramente lo desprende al sentir que puede surcar el camino. Y no se cansa de insistir en hacer niños y niñas, hombres y mujeres de provecho.
El maestro solo no puede, requiere a sus alumnos y su entorno. Juntos se cultivan.
¿Qué sería de mí sin ellos?
Por todos, lo bueno, lo malo.
Es lo que es. Amalgama de lo que soy.
Gracias infinitamente.
Porque hoy me corresponde recompensar a quienes han configurado parte de mi profesión. Es mi vivencia y desde la particularidad engrandezco lo que creo.
Es válido pensar diferente. Comentarios a ecla.09@hotmail.com
Centeocíhuatl López Apodaca
Pintora desde los quince años, instructor de talleres de pintura en el Centro Cultural “Raúl Cervantes Ahumada”, docente del nivel medio y superior en instituciones particulares,
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